domingo 29 de enero de 2012

Vivir sin amarte... No puedo.

Hoy es un día más de tantos. El frío acompaña este anochecer que a ratos se salpica por nieve intermitente que se deja caer inocente sobre la humedad de esta tierra mía.
Y aquí estoy, una ocasión más, tratando de impregnarme con tu irreal presencia a través de la palabra.
Quisiera saber por qué tu ausencia no ha logrado hacer que abandones mi vida ni mis pensamientos. Busco tu rostro en cada mujer que encuentro a mi paso y si alguna de ellas me devuelve una mirada furtiva veo que sus ojos no son los que ansío encontrar y sigo mi camino hacia ninguna parte.
Cuántas veces imagino que me tiendes de nuevo tu mano para que la tome y pueda acercarme otra vez a ti, y pienso que todo sería entonces mejor. Pero no es más que una ilusión enfermiza que la añoranza vierte en mis deseos y que en nada me ayuda.
Flagelo mi espíritu queriendo reposar mi anhelo mirando fotografías en las que admirar tu inmortal belleza, y sonrío para mí como si estuvieras ahí, siendo real, compartiendo el espacio en el que mis ojos disfrutan de tan etérea visión.
Pero al cerrar la última imagen me encuentro de nuevo en ese vacío que deja tu ausencia y no puedo por menos que tratar de rendirme a la realidad. Sin embargo, dentro de mí se libra una batalla sin violencia en la que un ejército de recuerdos y sentimientos se enfrentan a una verdad en la que no quiero tomar parte porque en mi mundo sólo existes tú y la rendición a los hechos no haría más que castigar mi fantasía y hacer que mi vida cayera en un sinsentido porque ¿qué sentido tendría vivir sin amarte???

jueves 15 de diciembre de 2011

Tic, tac. Tic, tac.

Siguen cayendo los granos de arena, uno a uno, en mi reloj, tras la transparencia de un cristal impoluto. Y con cada grano se va una esperanza dejando latente el recuerdo de lo que en realidad nunca fue.
Vivo con el permanente recuerdo de ti, y en estas fechas que alguna vez creo que compartimos, (queda tan lejos en mi memoria que ya no sé si fue real o lo imaginé), crece la añoranza tras cada colorida luz que engalana esta fría ciudad.
Los amores se acaban, y tú me fuiste dejando atrás poco a poco, pero yo soy incapaz de hacerlo. Cada día se abre más ese vacío que se instaló en mí el día que nos dijimos adiós y eso me hace pensar más y más en ti. Mi amor no quiere abandonar este corazón que un día hiciste tuyo y que hoy se encuentra huérfano del cariño que disfrutó en aquel mundo que dibujamos un día y habitamos sólos tú y yo.
Nadie es capaz de seguir el hilo de mis locuras como hacías tú, y esa complicidad que teníamos y que nunca encontré con otra gente me hacía sentir diferente e importante, porque me hacías sentir especial. Hoy no queda ya nada de aquello, y en su lugar un agujero negro va creciendo en este universo loco que es mi ser engullendo cuanto encuentra en mi mente, pero seleccionando tus recuerdos para que permanezcan perennes y me mantengan preso de un amor imposible.
No sé qué es lo que me mantiene enamorado de alguien que ya no comparte mi espacio, pero se me ha olvidado cómo se deja de amar y son años ya los que llevo encerrado en esta celda del recuerdo incapacitado para buscar otros caminos donde encontrar nuevas mariposas que revoloteen en mi estómago. Siguen vivas las que tú me regalaste y se resisten a marcharse y dejar libre el espacio que ocupan. Es absurdo, pero es así.
Te quiero sólo a ti y cada vez estoy más convencido de que este amor es para siempre...

sábado 5 de noviembre de 2011

Te echo de menos, mi pequeña estrella.

Hoy es sábado, un sábado de otoño empapado por las lágrimas de lluvia que incesantes salpican el exterior.
Desde mi ventana dejo volar la vista más allá del color gris con que se maquilla esta tarde sabatina y buceo en aquel recuerdo de una canción con la que imaginaba una tarde de lluvia donde mis dedos acariciaban tu piel en el refrejo del cristal de la ventana.
Ahora escucho otra melodía diferente que no obstante recupera tu recuerdo en mi memoria y hace que se dibuje una sonrisa en mi boca.
De algún modo también es otoño en mi interior, cayendo las ilusiones como las hojas pardas de los árboles caducos, pero me abstengo de sentirme desdichado o deprimido; ese tiempo ya pasó.
Tal vez me vista con una soledad que ya no es elegida sino impuesta por la soberanía de tu presencia en mis sentimientos que me impiden mirar hacia otro horizonte, pero lleva tanto tiempo conmigo que me he acostumbrado a su compañía silenciosa.
El tiempo sigue caminando hacia el futuro y yo le acompaño a cada paso, pero una parte de mí se quedó parada en un pasado aún cercano que poco a poco se va perdiendo de vista en la distancia temporal, una parte donde residen alguno de los sentimientos más trascendentes de mi alma. No sé si algún día los recuperaré o los dejaré atrás para siempre.
Me enamoré sin pretenderlo y aún hoy sin entender porqué. Pero el amor no tiene explicación, simplemente entra sin pedir permiso y se adueña de nuestra mente conquistandola sin remisión.
Hoy sí que puedo decir que intenté olvidarte y recuperar esa parte de mí que se quedó anclada en el ayer, pero no he podido porque cada día te traigo a mi memoria y sigo echándote de menos; aún te quiero.

jueves 20 de octubre de 2011

Palabras banales...

Estoy en un momento completamente ocioso, casi el primero del día, ya noche, cuando casi me voy a ir al mundo de Morfeo y esperar un nuevo amanecer.
He puesto una canción y me han entrado unas ganas irrefrenables de escribir algo, lo que sea. Y este es un medio tan anónimo como perfecto para hacerlo.
Y ahora, que comienzo a acariciar las letras no sé qué es lo que podría plasmar con mis palabras.
Sé que podría hablarte, escribirte, y repetiría una vez más lo que tantas veces, tantos textos anteriores ya he escrito.
Este blog ha acabado conformándose en una rutina literaria donde siempre mantengo el mismo mensaje quizás ya cansino. Por eso hoy quería evitar reiterar una vez más lo que siento por ti y la soledad que me abraza en tu ausencia.
No es fácil, porque eres prácticamente un monotema dentro de mi cabeza y una y otra vez acudo a buscar tu presencia en forma de fantasías.
Sin embargo mi vida continúa, pero ya nada es igual. Me embarco en proyectos y ocupan casi todo mi espacio de modo que los momentos ociosos son escasos y así mantego ocupada mi memoria y tengo menos tiempo para pensar en ti. Aún así siempre buscas resquicios para abrirte paso y surgir una vez más entre mis ideas y pensamientos.
No soy feliz, pero tampoco desdichado. Mi vida no es rosa, pero tampoco se acerca al negro. No podría quejarme a pesar de las distintas carecias que pueda tener, sobre todo emotivas. Pero conseguí dejar atrás las tinieblas que alguna vez ensombrecieron mi vida y he aprendido a vivir con las ausencias de amor.
A veces tengo bajones, ¿y quién no? Pero ya no me quedo sentado lamentándome. Me hacen falta muy pocas cosas, pero tú eres una de esas cosas que me hacen falta para estar más cerca del rosa.
¿Sabes una cosa? No sé por qué tenía la ilusión de que me felicitaras por mi cumpleaños, aunque de alguna manera pensaba que no sería, y no fue. Siempre creí que no estábamos hechos el uno para el otro, pero eso no fue motivo para no enamorarme. Nuestros mundos son distintos y nuestra percepción de la vida también. Casi tenemos más cosas en discrepancia que en común, pero no pude evitar enamorarme y por eso ahora no puedo evitar añorarte.
Y ya he vuelto al tema de siempre, en el que dije que no iba a caer. Así que prefiero terminar aquí mis palabras de desahogo y marcharme ya a dormir.
Buenas noches, lanzo al vacío.
Si a bien tienes responder,
hazlo esta noche en mis sueños
que no me desvelaré.
Busca el modo de envolverme
en el manto del amor
que yo le diré a Morfeo
si tiene a bien hacer un favor:
cuando entres en mis sueños
me lleve a tu corazón.

miércoles 5 de octubre de 2011

Vientos de otoño.

He ido convenciéndome día a día, o intentándolo, de que poco a poco abandonas mis pensamientos y mi corazón. El tiempo parecía ser juez y dictar una sentencia en la que obligaba al destierro a esa nostalgia que desde hace tanto ha envuelto mi vida. Y parecía que la razón la llevabas tú cuando me decías que tardara más o menos acabaría por suceder.
Ultimamente así he pensado yo, quizás sabiendo cómo esquivar tu ausencia llenando mi tiempo con mis proyectos y mis cosas.
Hoy ya no sé si lo que echo de menos es a ti o al sentimiento que albergaba cuando aparecías y me acompañabas, pero ni has abandonado mi memoria ni mi corazón. Quizás has representado lo que siempre deseé encontrar en una mujer, la belleza, la inteligencia, la comedia, pero sobre todo la amistad, el tener completa confianza al estar con alguien sin pensar siquiera lo que ese alguien pueda opinar sobre un acto, pensamiento o conducta propio, sin creer siquiera que uno va a ser juzgado.
Yo no he elegido mi soledad, pero me veo obligado a navegar en ella por mi carácter y personalidad, y porque has puesto el listón demasiado alto, o quizás haya sido yo. Hoy más que nunca estoy convencido de que te he idealizado de manera suprema al no tenerte, al haber estado tanto tiempo respirando tu recuerdo e imaginando imposibles, y por ello tal vez te hayas convertido sin quererlo en un muro que nadie puede franquear para llegar a mí.
Quién podría parecerse a ti, si habitabas en mis pensamientos aún antes de conocerte y los ocupas después de haberte ido...
Sigo vagando con la vista muchas noches por ese cielo salpicado de titilantes estrellas, improvisando conversaciones que comparto contigo, escribiendo un guión donde tú también me hablas, y en definitiva no dejándote escapar de mi interior. Y aún recuerdo la primera vez que hablé contigo, el inicio de algo que ha marcado de manera impensable mi vida y sin arrepentirme de ninguno de los momentos que hubo, casi todos buenos, salvo el final.
Dicen que todo tiene un principio y un fin, y quizás sea verdad. Quizás un día llegue el momento en el que abandones mi espíritu y encuentre otros caminos que patear y otros parajes que vislumbrar, pero aún a pesar de las sensaciones que tengo últimamente, creo que ese fin sigue estando lejos, porque aún creyendo que esa llama podía estar apagándose, ni un sólo día he dejado de pensar en ti, y eso no creo que signifique un "se acabó".
Hoy ya no te cuento más, porque debería ir a dormir, pero me apetecía hablarte un poco y pensar que me leerás.
Hasta pronto, mi pequeña estrella.

jueves 8 de septiembre de 2011

Mares de nostalgia...

La noche acompaña mi silencio como fiel escudera de unos pensamientos salpicados de tu recuerdo. Cierro mis ojos y te veo en tu perfección infinita, salpicada de esa belleza celestial que viste tu persona.
Sonrío con nostalgia imaginando tus burlas y mis contestaciones y preguntándome si todo fue real o lo que ahora se vierte en mi memoria es más fruto de un deseo de que hubiera sido que de una verdad que un día fue.
A veces me sorprendo preguntándome hasta cuándo aguantará mi cordura ante una demencia como la que estoy viviendo, apartado de la realidad que se escribe cada día y encerrándome en mí mismo para revivir momentos, unos que fueron y otros que sólo llegué a imaginar.
Nunca ha habido nadie como tú en mi vida, que haya inundado mi ser de esta manera, anegándolo todo en mi interior con torrentes de una presencia irreal. No puedo dejar de recordarte, y eso me lleva a sentir más y más ese vacío que como un agujero negro en el universo va engullendo todo lo que existe, salvo tú.
Creo que la locura va asentándose poco a poco en mi cabeza, y lo peor es que con nadie hablo de ti. Supongo que sería aconsejable desahogarse sacando todo lo que me invade, pero no puedo. Esta siempre fue nuestra historia y ahora ya no saldrá de mí, aunque acabe ahogándome.
No sé por qué me siento así, pero tengo miedo de no sentir este amor que me da la vida, aunque a la vez me destruya.
Ni yo me entiendo, mi pequeña estrella, pero poco importa ya.
Te quiero tanto...

martes 30 de agosto de 2011

Aún sin ti, te tengo conmigo.

Hoy me senté frente a este monitor y me puse a recordarte entre imágenes no olvidadas y deseos mantenidos. Dibujaba en tu rostro sonrisas inocentes vertidas hacia un yo imaginado por mi propia ilusión. Deseaba encontrarme contigo y regalarte mis chistes malos para recoger tus risas libres como tantas veces ocurrió.
Pienso mucho en qué sería hoy si las cosas hubieran sido de otro modo aunque comprendo que no me hago ningún favor, pero es muy difícil vivir de otro modo. Son muchas las cosas que me recuerdan lo que siento por ti: una canción escuchada por casualidad, una cabellera dorada enredándose con el viento, o simplemente una mala jugada de mi imaginación...
A lo largo del día me encuentro con muchos signos que convierto en un recuerdo tuyo y así no voy a desahuciarte nunca de mi mente.
Ya me he acostumbrado a vivir así, sin importarme si es bueno o malo, porque te has enraizado muy hondo dentro de mí.
El tiempo nunca detiene su marcha, pero de algún modo se paró el día que despedimos las palabras cariñosas y los sentimientos confesados, porque aún vivo en aquel instante, aunque hoy ya no se me desgarra el corazón.
El dolor dió paso a un vacío que no me impide sonreir, pero tampoco me permite llegar a ser feliz.
Hoy, mi pequeña estrella, sigo pendiente de un cielo donde tantas veces dirigimos nuestras miradas para encontrarnos en algún lugar remoto sólos tú y yo, quizás en mi luna, quizás más allá.
Te quiero, basíleia, por siempre.